Una vez que nuestro alcohólico conductor hizo acopio de víveres, proseguimos nuestra excursión por bellos parajes de la Isla. El medio de transporte utilizado como ya comenté en la entrada anterior, era la famosa "buhanka" rusa, que se llama así por que parece un tipo de pan al cual los rusos llaman "buhanka". Es como si en España hubiese un coche de forma circular y nosotros lo llamásemos "la hogaza". Aquí os pongo una foto de la buhanka en cuestión y de la buhanka comestible.
Lo de viajar en buhanaka es algo muy tradicional a la par que jodío. En la Isla Olkhon no existe ni un centímetro de asfalto y en multitud de ocasiones uno va por auténticos vericuetos de cabras, en este caso a toda pastilla, con un alcohólico al volante. El resultado es una gran crueldad. En mi caso, por ejemplo, dí más de cien cabezazos contra el techo (eso me pasa por no ser precisamente un hobbit). En algún momento vi volar cosas por los aires, y no quiero pensar cómo lo pasaron los rusos que iban mirando hacia atrás (ya que hay filas de asientos que miran hacia delante y otras que miran hacia atrás)
Para quien le interesen mis sufrimientos, aquí dejo una foto del interior de la buhanka. Es autoexplicativa... Debo decir con gran orgullo que este tipo de vehículos han sido reparados cientos de veces. Datan de época soviética, y si bien son una mierda pinchada en un palo, demuestran ser muy útiles en esos parajes remotos.
Después de ver uno de los cabos que hay en la isla, nos volvimos a la buhanka y cuál sería nuestra sorpresa cuando vimos al conductor alcohólico preparando la comida, o sea, los omules comprados recientemente a la babushka asesina ex-presidiaria del gulag. La sopa tenía una pinta suculenta y para no dar más explicaciones, os dejo una foto de su cocción (sí, en esos calderos negros)
Nuestro Ferrián Adriá particular estaba totalmente enajenado preparando la comida y no dejó que nadie se acercara hasta que estuviera todo listo... Ahí le vemos maniobrando los fogones:
Y en esta foto, le vemos apagar la vitrocerámica ante la mirada atónita de mis compañeros de excursión, que ya hablaré de ellos...
Otro día más...

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