Continuando con mis anteriores y miserables entradas, a continuación, reto a cualquier lector a que me proporcione documentación de un soborno realizado en Rusia por alguien español, antes del año 1671.
Y para mayor recochineo, aquí va el texto original de Pedro Cubero Sebastián: "...allí sucedió (en Smolensk) que ciertos polacos, para que en Moscua (Moscú) comprasen pieles de martas y cebelinos (entiendo que se refiere a la marta cibelina), debajo de las eslitas habían puesto tabaco, que allí es prohibido por orden del Zar con pena de la vida... y los vasallos que lo tomaren, pena de cortarles las orejas..."
"...como hallasen pues el tabaco en una de las eslitas, no siendo mucho en cantidad, por escapar aquellos pobres hombres, hube de decir, que era mío, y que lo llevaba para tomar: y aunque con algunos disturbios lo ajusté, dándoles algunos reales de copiques. Copique es una moneda de plata de figura ovada, que tiene por una parte el Zar armado sobre un caballo y en la otra el nombre del Zar..."
Queridos amigos, enemigos, amigos de lo ajeno y otros organismos que reparáis en mi mezquino blog: continuando con mi investigación, os diré que he descubierto ciertos axiomas inherentes al soborno ruso a lo largo de la historia:
(1) A los rusos les mola el vodka y el tabaco más que a un tonto un lápiz, y esto, es sabiamente aprovechado por el Zar, el soviet supremo o quien caiga en el momento dado.
(2) Para disimular el latrocinio, los representantes del estado o del poder (Zar, comunista o quien sea), montan gran algarabía al aparecer el soborno, como si eso fuera una cosa sucia y moralmente inaceptable.
(3) Se paga a tocateja o con tarjeta de crédito en su caso. Da igual que sea en divisas, en fondos de inversión, rublos o maravedíes. La cuestión es poner la pasta.


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